Del llanto necio, brotaron lágrimas injustas.. Y así marchamos hacia la orilla y la arena. Tan simple parecía el plan, que llegué a creer que soso y aburrido, sería.
De nuevo el humo, consiguió llegar a mi cerebro sobrio. Y empaparlo de su nociva esencia. Mientras los juegos en el agua, bajaban el colocón.
Ambos, nos sentimos farolillos, al ver su química perfecta y sus entrañables risas. De allí nos marchamos, y de una amena conversación hicimos el atardecer del día.
La noche caía sobre nosotros, y seguidos de la muchedumbre, nos separamos, y de dos a dos se trató la cosa.
El alboroto, la polución, el alumbrado, el ruido formaban, a veces, un incomodo cosquilleo dentro de mi estómago. Pero su tierna mirada, me podía tranquilizar, aunque indiferente siempre estaba. Me gustaba.
Abrazados, pudimos ver ver los fuegos artificiles que se dibujaban sobre el cielo oscuro, de la noche. Mientras la multitud, los aplaudia como si fuera algo nuevo. Pero era costumbre.. Quise, marchar de allí, de la mano le cogí, y con dificultad nos abrimos paso, hacia el hogar. Que acabó en la autopista, con las ventanillas del coche bajadas, y dejando ese día atrás.
sábado, 15 de agosto de 2009
Luces
Gritado por
Lucy
en
4:28
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