Mirar, y observarlos, llorar.. y cantar.
Enontrar la llave que abre de nuevo, el cofre de los infinitos momentos, que se dispersan de mi mente, ahora fresca, y preparada para vivir, de nuevo..
Enontrar la llave que abre de nuevo, el cofre de los infinitos momentos, que se dispersan de mi mente, ahora fresca, y preparada para vivir, de nuevo..Y mirar de nuevo, observar, llorar.. y cantar. Me encuentro en una habitación a oscuras, la que es iluminada por una tenúe luz. En ella hay dos puertas. En una, hay dibujada una cara sonriente, y alrededor de esta, la imagen de los recuerdos que guarda mi cabeza, cada gesto consumido que pasé, cada suspiro, cada lágrima, cada sonrisa, cada movimiento, cada susurro, cada imagen, cada sonido, cada secreto, cada conversación, cada sentimiento, cada emoción, cada fotografía, cada salto, cada rídiculo juego, cada pelicula que ví, .. cada..; En uno de los laterales, está la cerradura, que espera ansiosa el abrise, de nuevo, y así empaparme de su esencia.
La otra puerta, no tiene color alguno, y es completamente opaca, no hay nada que se refleje en ella, carece de emoción alguna, y mi cuerpo no quiere caminar hacia ella.. Prefiere permanecer en la puerta sonriente.
La mirada, hace que mi cabeza haga un movimiento brusco, y que mire hacia la puerta sin color, y mi cerebro conduce a mis pies hasta ella; Me postra frente a ella, y sin llave, abro esa puerta.
Y dejo atrás a mi añorada puerta sonriente.
De nuevo mirar, y observar, llorar.. y cantar. Tras esa puerta no hay nada parecido a lo que había en la otra, solo una carretera infinita, que de momento, conduce a.. ninguna parte.



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